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A donde no querés ir, es donde debés estar…




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inteMe encanta descubrir los secretos que hay dentro de cada copa y casi siempre estoy dispuesta a estudiar el vino, analizarlo, y a difrutar del momento y la compañía.

Sin embargo, a veces tenemos esas noches en las que uno no tiene ganas de tomar vino, y debo admitir que así me sentía cuando acepté recientemente la invitación a una cata, sin conocer siquiera el nombre de la bodega. Ya venía con unos blancos que tal vez habían bastado para cortar el pesado jueves que traía encima.

Lo pensé bien y fui a la cata y después de tener esa experiencia elaboré una teoría: “Los lugares a donde uno no quiere ir, son los lugares donde uno debe estar.”

Llegué y luego de preguntarme “¿con quién me siento?”, decidí juntarme con mis amigos sommeliers que siempre me aconsejan, y con los que discutimos puntos de vista sobre cada copa.

El primer vino fue el Pinot Grigio de la Bodega Argento del Valle de Uco, Mendoza. Me sorprendió gratamente: ¡flores blancas que nunca imaginé!

El segundo vino resultó ser un as en la manga del brand manager que venía a traernos novedades sobre esta botella. Un muy intenso Malbec Rosé de Tomero que, sin lugar a dudas, sorprendió a muchos con su hermoso color rosado oscuro (típico de los rosados de clima cálido), maridado perfectamente con un queso grana padana de Verona, que trae la misma importadora, El Imperio.

Siguieron los tintos Vistalba Corte C 2013, un blend de uvas Bonarda, Cabernet Sauvignon, y Malbec. El olor a aceituna del Bonarda me incitaba a comer más queso y más jamón serrano. Nada maridaba tan bien con este vino como el pedazo de pierna serrana que tenía en la boca. Acto seguido, el descorche de un Malbec que ya me sonaba a: “Venimos con el postre”. El Argento Reserva Malbec me recordó a unos higos al vino que había comido hacía poco en casa de unos amigos.

Avanzaba la noche y seguían los descorches. Llegó un momento en que ya casi no podía más y de repente, escucho algo que me hizo levantar las orejas como cuando un perro oye un silbato: venía lo esperado por todos, un Tannat Reserva de Bodega Garzón, que nos transportó a tierras uruguayas.

El Tannat reavivó la noche. Empezamos a discutir sobre el tipo de uvas más poderoso entre la vitis vinifera. Tomar un vino como este, es más o menos sentir la gloria. No es raro que haya desconcertado a más de uno, pues la gran personalidad, el carácter y los sabores fuertes que deja este vino en boca no son para todos. Para mí, el Tannat es como un amante indomable. Quienes no están acostumbrados a tanta firmeza en boca, no van a poder mantener una relación con este vino.

Púrpura intenso, como la oscuridad de las noches estrelladas, es un vino poderoso y al mismo tiempo tan elegante en nariz. Sus aromas recuerdan a cerezas dulces y fresas, pero ácidas; recuerdan a morder ciruelas negras, fumar un poco de tabaco y terminar comiendo chocolate negro sobre un fondo como de té especiado… Este vino es como “tomarse” un almuerzo de varios pasos que termina con una sensación agradable y envolvente, como cuando abrazás a una persona querida que no ves hace mucho tiempo. Así es el final: un abrazo largo y vibrante.     Después de vivir esta experiencia me prometí que de ahora en más, siempre que diga: ahí no quiero ir, es el lugar adonde iré, quizá haya más sorpresas y placeres como este esperándome. 

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