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Ofelia Aquino




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Ofelia-AquinoEscribir sobre Ofelia me toca de cerca y bien adentro, desde un lugar tan lindo que no sé si voy a poder lograr digna expresión. Una de las sorpresas de mi año fue su amistad, y qué genial que haya sido así. Ofelia es diseñadora de moda, artista, medio comediante, medio rockstar, muy risueña y la más solícita cuando de ayudar se trata; es una de esas almas con quien cualquier conversación es un placer.

Nos encontramos en Il Capo, y ya sabía lo que nos esperaba… Pasta, vino y postre; porque, si vamos a hacerlo, vamos a hacerlo bien, como se debe. Emocionadas las dos, devoramos la entrada, una ensalada capresse con aquellos mil y un pancitos, tostadas y palitos con salsas casi casi satánicas. Comenzamos analizando su elección de lugar. “Amo la pasta”, dice arrastrando la última palabra, y lo cierto es que, si bien tiene un fuerte vínculo con Italia -estudió moda y diseño en el Instituto Marangoni de Milán-, comenta riendo que su especialidad culinaria son los huevos: frito, duro, poché, revueltos, llamale cangrejo, y ponele un huevo encima, que ella puede hacerlo a la perfección.

Le llegó el turno al plato de fondo y optamos por el buffet, porque un solo sabor no era suficiente. Gnocchis a la putanesca, spaghetti con salsa rosada, raviolones de jamón y queso, quattro formaggi y así, sucesivamente, sin parar. La charla tomó cierta dirección artística, con Ofelia comentando lo mucho que siente que creció en este 2017 como profesional y la libertad que se tomó al crear cada pieza. “Me destapé”, dice, mientras sorbe su copa de tinto.

Al dedicarse prácticamente de lleno al bridal design, sintió que dejó de lado por un tiempo su parte más jugada, más arriesgada y la que realmente le pertenecía más a ella y a sus aspiraciones. Entonces, decidió reclamarla por completo en sus dos últimas colecciones de alta costura. La de invierno, Stardust, una oda al espacio, las formas y lo geométrico, con muchísimo rock and roll; y la de verano, Odessa, un tributo al artista Kandinsky y su visión ilimitada de hacer arte y crear en general, jugando con las tipologías y haciendo trucos con lo que supuestamente pensamos que debe ser una prenda.

“Odessa revela lo ilógico, irracional e inesperado de la moda”

Volvemos a servirnos, porque a esta altura del almuerzo ya somos dos cómplices haciendo de las nuestras y, claramente, seguimos con el vino. “Este año mi firma y yo tuvimos más exposición, y me acepté más como soy. Creé alianzas con marcas, colaboré con artistas de distintos rubros y viajé al exterior por y con mi trabajo”, agrega a la introspección. La noto segura y satisfecha con sus logros a nivel profesional, pero, por sobre todo, decidida a continuar dentro de la misma línea y ver qué pasa más adelante.

“Cuando un movimiento parece exteriormente injustificado, más pura, profunda e interior es su acción” – Wassily Kandinsky.

Cuando pensamos que ya había sido suficiente, se acercan a ofrecernos volcanes de guayaba -la especialidad de la casa-, y quiénes somos nosotras para rechazar semejante ofrenda. Mientras esperábamos a que llegara este regalo del cielo, hablamos de su último viaje por varias ciudades de Europa, donde se desempeñó como conductora de TV (¿ya dijimos que es súper multifacética?). Destacó, de la experiencia, la relación intrínseca entre el arte y la gastronomía y cómo, en realidad, casi todo lo que nos rodea tiene algo de arte, si aprendemos a prestarle suficiente atención.

Visitó muchos lugares únicos allí y tuvo la oportunidad de compartir con propietarios y chefs. Así se dio cuenta de que lo que hacen es arte, y que los viajes, de por sí, traen toda esas acciones únicas a la mesa. “Si te quedás quieto, no pasa nada”.

Llegó el tan esperado volcán, y qué cosa rica. Entre suspiros y algunos grititos contenidos, nuestro almuerzo de jueves fue llegando a su final. De alguna manera, me sorprendió su comentario sobre gastronomía y arte, y le pregunto cuál es la relación de su familia con estas disciplinas. “Mis padres tenían el Muzak Mall en los 80”. Y ahí entendí todo. “Mi tía era la que cocinaba en el restaurant en esa época… Mi hermano ahora es chef, mi papá cocina siempre y la esposa del hermano de mi abuelo (¿se entendió?) fue Josefina Velilla de Aquino, la autora de Tembi’u Paraguái”. Más claro, imposible.

Nos despedimos, atontadas de tanto buen comer y beber. Al salir del lugar, remato la experiencia con un último pensamiento: mucho de cómo vemos el mundo tiene concordancia con lo romántico o fantástico de nuestras ideas. Ofelia es un caso así; yo también, y seguro que miles de otras personas alrededor de nosotras. Cuando profundizamos la observación, apreciamos la conexión en todo y comenzamos a hacer de simples relaciones, verdades universales… Como el arte y la gastronomía.

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