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Dos Mares: De Perú a Paraguay




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Empezamos con un pisco sour; bebida de la discordia, pero igualmente compartida entre los países del Pacífico norte y sur. Un buen pisco debe dejar notar el ardor de sus 40 grados, como mínimo, junto al ácido del limón, sin perderle batalla al azúcar. El que pedimos se puede mejorar, pidiéndolo un poco más cargado al pisco que a la goma, ya que lo queremos también para acompañar un abreboca, como propone la carta.

El tradicional ají de gallina, elaborado con pollo desmenuzado y saborizado con una pasta de ají amarillo en forma de empanaditas está, como dirían en Perú, buenazo; y es un golazo para quienes gustan del sabor típicamente peruano.

De Perú a Paraguay, aunque con escala en Argentina, este local está presto a cumplir dos años. La amabilidad es cortesía de la casa. El personal de salón, atento en todo momento y con iniciativa. El temor general es el ají, pero nada que temer; si bien su cocina no deja la esencia de la cocina peruana, los niveles de picor han sido adaptados al paladar local.

Tras pasar el primer set, el de las empanaditas de ají de gallina, nos saltamos las entradas. El clima estaba fresco de más para un ceviche, de mariscos y salmón, o el tradicional de lenguado, además de los tiraditos que ofrece la carta; pero la gastronomía peruana tiene mucho que ofrecer también desde tierra firme, como chaufas o anticuchos (nombre que le dan a las brochetas, tradicionalmente elaboradas de corazón de vaca o pollo), acá presentados con una variante: van a la mesa en versión de langostinos y pollo. También se puede disfrutar de la infaltable causa, cuyas papas amarillas, base de su elaboración, son traídas especialmente por su composición y textura, que no se logra replicar con las de producción local.

La canchita (maíz) en la mesa es el entretenimiento, mientras llega el pisco sour. El mozo, perspicaz, me mira beber el primer trago. Claro está; es una bebida poco común en nuestro medio, pero ideal para nuestro clima.  Alérgicos al huevo, abstenerse; ya que se lo termina con clara.

Nos vamos al fondo. Un tradicional lomo saltado con verduras, acompañado de papas crocantes y arroz, con una cubierta de cebolla pluma y huevo frito de codorniz. Es un  plato bastante suculento, incluso apto para compartir entre dos personas de medio comer.

La cocina nikkei, muy pegada a la peruana siempre, por acá, hace vuelo rasante con tres opciones de nigiris: 1. Cevichero, con salmón remojado en la famosa leche de tigre, que es un exquisito subidón de energía; la hacen muy bien ¡y se la puede pedir en shots! 2. Al olivo, con pulpo grillado y palta y… 3. A lo pobre. Tres bocados que no se comparten.

La cocina no deja tiempos muertos en la escena, es ágil y el servicio siempre está ocupándose de algo, por lo que los tiempos están bien manejados. El lugar es acogedor y, si resultara un poco obscuro, es solo pedir algún ajuste de dimmer. En una cocina diferente da gusto ver nítidamente lo que se come.

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La gastronomía peruana emprendió un viaje —gratamente, sin retorno— hacia la cuasi masificación de su historia a través de su gastronomía alrededor del mundo. Esto, debido al gran trabajo que han hecho sus cocineros, promotores gastronómicos y el gobierno en el rescate de lo propio, de la identidad a través de los insumos de la mesa, y si buscamos la base de sus platos, acá los encontraremos, elaborados y presentados en un estilo más sofisticado, ya que no dejan de ser platos populares (entiéndase la comida cotidiana de Perú).

Por cierto, para los amantes del ají, existe la opción de pedir extrapicante y acompañar con la variada coctelería que ofrecen.


Dos Mares: Paseo Carmelitas, sobre calle Malutín | Estilo: peruano | Nivel de picor: a gusto | 021 609 855 | Lunes a domingo de 19 a 01.

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