14 de Abril de 2024
¿Cuánto más sabemos más disfrutamos? ¿Qué impide que ese primer interrogante pierda sus signos y se vuelva una contundente afirmación? La duda, probablemente. ¿Cierta desconfianza en la razón, tal vez? Aunque el saber no es exclusivamente racional, ¿verdad?, ya que también es lícito decir que el conocimiento es un proceso que se inicia en los sentidos.

Todo lo que conocemos ha pasado, pasa, ¿pasará? directa o indirectamente por nuestros sentidos. Imaginemos entonces cuánto podemos llegar a conocer en un encuentro como el Asu Coffee Fest, esa cita que ya acumula aromas de ritual y nos ofrece una experiencia del café única que estimula todos los sentidos.

20 de Julio de 2022

Mariano Ducos

Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar oh la de sentir! (1). Como no podía ser de otra manera, después del impasse forzado por los distanciamientos de la pandemia, este quinto encuentro se transformó en reencuentro, incluso, entre algunos coffee lovers que se dieron cita en el Centro de Eventos del Paseo La Galería, se escuchó hablar de recontrarencuentro. 

Pero volvamos al interrogante inicial sobre disfrutes y saberes para confirmar que, en estas jornadas cafeteras 2022, hubo lugar para ambos placeres: mientras los unos se despertaban con las degustaciones de café y bebidas creadas a base de café, otros se despabilaban entre charlas y talleres. En síntesis, pura filosofía de café: del conocimiento aparente que brindan los sentidos, al conocimiento esencial y objetivo del saber, ida y vuelta, todo elegantemente revuelto, sin solución de continuidad. 

“La cafeína no varía con el tueste” -se escucha de boca de un experto. Resoplido del vapor de la máquina. Ruido de tacitas. O pocillos. No es por meter presión, pero si se llaman bares claramente están hechos para el café. 9 bares es la presión justa con la que se hace el espresso 9 Bares, ya tenemos el nombre, ahora hagamos el itinerario. ¿Por dónde empezamos? 

Sinestesia Fest 

El oído también abre los ojos a las sensaciones cafeteras. Se asordinan las porcelanas y resuenan las palabras que nos cuentan acerca de qué es el trato directo en el rubro del café y la producción artesanal. Tostados sonidos de pasos en el cafetal, brisas dibujadas, caricia de dedos rozando la fruta en la búsqueda de una justa madurez, día tras día hasta encontrar ese día. Es largo el camino del café y cada huella en ese recorrido aporta valor y cobra sentido en cada sorbo. 

En la boca se escuchan las notas del café, la banda en vivo sopla el Pink Panther Theme (2), el saxo se arrastra expreso sobre la lengua y estallan los bronces 25ml. ¿Cuántas notas se necesitan para obtener un café que nos suene bien al paladar? Quizá puedan ser dos, tres, más; las indispensables para componer un buen acorde que nos llegue. Y que nos lleve. Porque ¿cuánto no hay de tren con esa máquina de vapor y un café con ese nombre? 

El café también es viajar quieto durante la espera. Quien llegó primero a la cita puede sumergir toda su atención y encontrar tranquilo su perfil en la taza mientras afuera la ciudad sigue pasando. 

Aquí en el salón, Narciso se entrega a la belleza y a la excitación del café. Ya no hay espera ni ahogo y a flote lo saca la alegría de ese encuentro por venir después de tanto encierro. Después de tantos no encuentros, y de esos encuentros desencuentros, tan zoom anatómico que ya no queríamos más esa canción de Soda Stéreo y sí su videoclip (3), ese besarse planetario. Las bocas besan las tasas y en ese meet analógico -el irremplazable-, abandonamos la conexión, codificada, y volvemos a ser la conjunción, incierta, viva. Nos ponemos en relación directa, sin artilugios ni adminículos ni artículos intermediarios para crear juntos el significado de la experiencia: manos, labios, semillas, agua, tierra, soles, saberes, sabores, haceres, rutinas, placeres. Y la emoción expresa del espresso en camino por el túnel de papilas, el tren de sabores y el vagón de juegos de palabras que despierta cada mismísimo café. 

Black coffee (4) suena ahora en la memoria. La relación presume dendritas un tanto básicas, pero a veces hasta las asociaciones lineales deparan curvas. Piano suena y ella canta. Ella es Fitzgerald. Nos canta que está sola, que no pudo pegar un ojo, y que está más abajo que el piso, esperando (le), mirando la puerta. Y bebiendo y bebiendo café negro. Lento el blues y la tristeza. Dulce amargo la frase: el amor es un brebaje de mano. 

Asu Conciencia 

Un café es un lugar de encuentro (y de espera), y otro lugar de espera (y de encuentro) era la estación. Hace tiempo que por aquí, como la de tren ya no está, del chiste estacional nos quedó sólo el verano. Y acaso el verano -leamos calor- ¿no atenta contra el café tanto como contra el vino, -no tanto a su conservación, sino mas bien y sobre todo a las ganas de tomarlo- disfrutarlo? Seguramente sí, pero también tomamos helado con frío. Hielo a mil, café a bajo cero, y consumo todo el año y en ascenso. 

¿Esta cola para cuál stand es? ¿Y esta otra? Las dos son largas, diversas, conversadas, y las demás también. Todas serpentean, se enredan, avanzan camino a las barras donde los coffeetenders preparan al ritmo de su descripción un café para que nos encontremos, nueva y felizmente, tomando café. 

Como producto natural, el café destaca en importancia dentro de los commodities de alimentos, y su precio se encuentra sujeto al precio internacional. El crecimiento experimentado por el café de especialidad permitió y permite, en gran medida, que el productor pueda fijarle el precio a su trabajo y a su producto, que es todo eso a la vez: producto y producto de su trabajo. Aquí no juegan las palabras sino que se pone en juego y valor el tipo de trabajo, sus formas, las técnicas, los cuidados que se llevan a cabo en cada plantación, en el eslabón más íntimo e inicial de la cadena. Los tostadores que laboran cerca de ada productor impulsan relaciones comerciales sostenibles, mientras que la creciente conciencia ambiental y social de los nuevos consumidores colabora en el desarrollo del comercio justo. Es bueno que algunos saberes, aunque no ocupen lugar, ganen espacio. Y disputas. 

Piel de coffee 

La exclamación del epígrafe de este texto es la reflexión del protagonista de La escritura del Dios (5), el cuento de Jorge Luis Borges en el cual un condenado encarcelado intenta decodificar un mensaje divino. El mensaje está escrito sobre el pelaje de la piel del jaguar; un jaguar que está encerrado, muro de por medio, junto a él, y al que sólo alcanza a ver apenas un instante al día cuando el carcelero abre la trampa en lo alto de la prisión para bajarles agua y alimento a los cautivos. 

“Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían puntos; otras formaban rayas trasversales en la cara interior de las piernas; otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma palabra. Muchas tenían bordes rojos.” 

Por suerte no nos toca estar encerrados (ya), y mucho menos encarcelados junto a un jaguar. La tarea final que se nos propone es desafiante, exigente, pero del todo placentera: cómo identificar un buen espresso. Hay que mirar con dedicación y descubrir el tigre adentro del espresso. Son los ojos los que ahora se dan el gusto de saborear el café. ¿O ya podemos empezar a decir saberear? 

Cuanto más sabemos más disfrutamos. Y entender (nos) es una dicha que también puede inspirarnos para imaginar formas superadoras de compartir experiencias y hacernos bien. ¿En 2023 hay Asu Coffee Fest? Revolvemos. 


(1) Borges, Jorge Luis. "La escritura del Dios", El Aleph, Editorial Losada, Argentina, 1949. (2) The Pink Panther Theme, Henry Mancini, 1963. (3) Videoclip de la canción ZOOM, Soda stéreo, 1995. (4) "Black Coffee" canción; música de Sonny Burke y letra de Paul Francis Webster, 1948. Versión de Ella Fitzgerald, año 1971. (5) Borges, Jorge Luis. "La escritura del Dios”, en El Aleph, Editorial Losada, Argentina, 1949. 

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