8 de Diciembre de 2019
Hotel Dulce Hogar
Hotel Dulce Hogar

Los buenos hoteles tienen algo en común que, paradójicamente, los diferencia: los buenos hoteles tienen personalidad. En este recorrido por los más fascinantes hoteles de Asunción, hemos encontrado cualidades y características que evocan un pasado perfecto o sugieren un presente y un futuro, que serán siempre ideales porque están conectados con una parte esencial en la vida del ser humano: su hogar.

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Villa Morra Suites

La casa donde crecimos

La primera sensación es la de entrar a un lugar conocido. Nos sentimos cómodos apenas llegamos, como si ya hubiésemos estado allí otras veces.

Lo primero que influye en esta sensación tan agradable es la construcción, mucho más cercana a una casa que a un edificio. Continúa con la atención de la conserjería que es profesional y afectuosa, dos cualidades siempre difíciles de conectar. Influenciado por esta atmósfera familiar, subo a mi habitación por las escaleras, no por el ascensor. Como si fuera un niño y estuviera en la casa de papá y mamá.

La suite es amplia, cómoda y luminosa. La cama es tan grande como la de nuestros padres cuando éramos chicos. Dan ganas de saltar sobre ella y jugar una guerra de almohadas (reprimo el instinto, porque recuerdo que a mamá nunca le hicieron gracia estos arrebatos infantiles).

El Villa Morra Suites está emplazado sobre la avenida Mariscal López, a un par de cuadras de los shoppings de la zona. No digo esto para sugerir lo ideal de la ubicación, sino para hablar del milagro de este hotel: adentro no escuchamos un solo ruido y tenemos la sensación de estar lejos, lejísimos de la gran ciudad. El secreto del silencio está en el doble vidrio, claro. La magia, en el jardín que nos rodea, que ostenta una vegetación abrumadora, casi arrogante en su desmesura. De esta forma empezamos el día cobijados por la naturaleza, en un oasis lleno de luz natural. La decisión es sabia, desayunar allí es incluso mejor que pedir room service.

El Villa Morra Suites mantiene en la cocina la lógica familiar que envuelve a todo el hotel. En su restaurante, por las noches, nos ofrecen platos a base de ingredientes locales con un giro creativo (atención al helado de yerba mate). Y los domingos al mediodía un brunch pantagruélico, imperdible, es preludio perfecto de una siesta que nos espera en casa, sea ésta la verdadera o la que pone a nuestra disposición el Villa Morra Suites.

@villamorrasuites
Mariscal López 3001 esquina Saraví

FACTORÍA HOTEL

La mansión de nuestra abuela amorosa

En la vida hay pocas cosas mejores que ser el nieto preferido (doy fe por haberlo vivido). Si usted, al igual que yo, consentido lector, es un malcriado sin escrúpulos, un sinvergüenza que se deja mimar aunque no lo merezca, un hedonista que solo piensa en satisfacer sus gustos y caprichos, usted —y yo— estamos ahora en el lugar adecuado: Factoría Hotel.

Aquí somos pocos porque la experiencia que vivimos —la de nieto preferido— no es para multitudes. Hay solo quince habitaciones y dos lofts. Y hay una historia que nos hechiza: la de una mujer, Ofelia, que lejos de cantar elegías —como la Ofelia de Hamlet— se dedicó a construir un hotel sobre los cimientos de una vieja fábrica familiar.

El resultado es perfecto en todos los sentidos y lo notamos. La arquitectura y los detalles de diseño nos inundan los ojos de belleza. El cuero, la madera y los géneros nobles nos acarician con calidez. En el jardín notamos el perfume de la naturaleza y al silencio, ese elemento esencial en la música y la vida, lo escuchamos en los pequeños rincones y en los grandes salones. ¿El gusto? Entremos a Ofelia, el restaurante de la Factoría.

Mucho antes de probarlo sabemos si un plato nos gusta o no. En Ofelia, apenas entramos entendemos que todo será rico. El espacio es amplio y acogedor al mismo tiempo, con techos abovedados que semejan la técnica de Rafael Guastavino y enormes ventanales que se abren al jardín. Las mesas son todas distintas y podemos sentarnos en banquetas de hierro, en sillas antiguas y modernas, o en un sofá. La cocina, acorde, podría definirse como contemporánea, rústico refinada y con mucha onda. No nos sorprende encontrar productos locales en la carta y nos asombra la elaboración de cada plato. Es uno de esos raros menús en los que se hace difícil elegir, porque todo, absolutamente todo, es tentador.

Factoría Hotel nos transporta a un mundo ideal, porque la experiencia que vivimos es la conclusión lógica de un concepto que está pensado con sabiduría y administrado con arte.

@factoriahotelpy
Dr. Francisco Morra 813

(021) 612 100

www.factoriahotel.com.py

ALOFT

El departamento de soltero

Música. Si tuviera que definir el Aloft Ho- tel en una palabra, ésta sería música. De la buena, claro. Música en la recepción, música en el ascensor, música en todas partes. Para Kurt Cobainm “la música

es sinónimo de libertad”. Está muy bien, entonces, que música sea la palabra que define al Aloft, porque el Aloft es un hotel donde se respira libertad.

El asunto este de la libertad no es una sensación, sino la idea donde se apoya todo el funcionamiento del hotel. Arranca apenas terminamos de hacer el check-in, cuando amablemente nos informan que nadie va a llevarnos el equipaje hasta nuestras habitaciones, que allí no existe el room service y que si queremos comer algo tenemos que ir nosotros mismos a por ese bocado, que nos espera en un lugar ad hoc de la planta baja, llamado ReFuel.

Toda aquella información, recibida sin anestesia, nos enfrenta a nosotros mismos, en un combate filosófico. “¿Seré capaz de olvidarme cómo —supuestamente— debe funcionar un buen hotel o me hice viejo sin darme cuenta?”, pienso. Quizás por costumbre, me ganan las ganas de ver algo nuevo, de apoyar a quien desafía el statu quo, de aprender. Y qué suerte el haber elegido probar, porque el Aloft y su libertad resultan ser mucho más que un hotel con un concepto novedoso.

Música y libertad. Al departamento de soltero perfecto solo le falta un bar. Y en el Aloft hay dos. El de la planta baja se llama WXYZ, tiene una barra de mármol blanco y está atendido por una bartender muy avezada, que conoce perfectamente el gusto paraguayo y se adapta con facilidad al paladar extranjero, que a viva voz reclama “algo más seco, por favor”.

El segundo bar está en la terraza del edificio, donde también nos topamos con la piscina y el gimnasio. Sillas Bertoia, la vista 360 de Asunción y una barra que saca tragos de todos colores. Y más música, pero esta vez en vivo. Con una DJ —que puede ser Nati Doljak— o un grupo totalmente desconocido, porque de eso se trata el Aloft: de aprovechar la libertad para descubrir cosas nuevas.

@aloftasuncion
Av. Aviadores del Chaco casi Santa Teresa (021) 247 7000 www.alofthotels.com/asuncion

FIVE HOTEL

El departamento de recién casados

Todos los que por una razón u otra están relacionados con el negocio de los bienes raíces, saben que hay tres cuestiones fundamentales que definen a un buen inmueble: ubicación, ubicación y ubicación.

El Five Hotel no puede estar mejor ubicado. Es imposible encontrar una esquina en Asunción, que sea al mismo tiempo tan cercana a todo, tan amable con el peatón y tan bonita. Probable- mente sea uno de los pocos lugares de la ciudad en los que no necesitamos subirnos a un auto, ya que en un radio de cinco o seis cuadras lindísimas, tenemos todo lo que nos gusta o nos hace falta.

En el hotel se respira un aire de vanguardia. Es evidente que todo gira alrededor del futuro, dejando atrás lo más aburrido de lo clásico. El uso de la tecnología —desde el check in hasta una app con funciones reales— ayuda a crear esta atmósfera de modernidad.

Algo interesante es notar que todo aquello no es una pose, sino algo genuino, una manera de ver las cosas y sentir la vida. La explosión de colores del enorme y genial mural de la artista Priz Praz Pruz, forma parte de esta convicción, funciona como una declaración de principios del hotel.

Los pasillos y las habitaciones del Fivecontinúan la lógica vanguar- dista. Los juegos de luces no los vimos en ningún otro hotel, los detalles en colores fuertes aportan personalidad y hasta los materiales utilizados en la construcción desafían las viejas normas: el cemento alisado, el acero y el vidrio se mezclan con la madera y los mármoles. Y acá, comprensivo lector, tengo que caer en un neologismo necesario por irreemplazable: el Five Hotel es cancherísimo.

Acuarela Kitchen es el restaurante del Five y, como no podía ser de otra forma, también cambia las reglas con un concepto que decidieron llamar Mercado y significa comer todo lo que quieras o puedas. En el Acuarela, donde también se desayuna, todo es rico. Y la única tradición que se respeta es la de atender con calidez.

Arriba, en la terraza del Five, además de una vista llena de verde, encontramos la piscina y un bar. ¿Qué más se puede pedir cuando se tiene todo el futuro por delante?

@fivehotelpy
Dr. Morra 295 esquina Andrade

(021) 608 855

www.fivehotel.com.py

HOTEL GUARANÍ

La casa donde formamos nuestra familia

No me puedo imaginar Asunción sin la silueta del Hotel Guaraní. El Guaraní es como el tajy, como el calor, como los vendedores de fruta, el Panteón de los Héroes o el río. El Guaraní es Asunción y Asunción no podría ser sin el Guaraní.

El Guaraní es inmenso, tiene el tamaño de los sueños. Son dimensiones de una época en que la obsesión no consistía en aprovechar cada metro cuadrado, ni al lujo lo definían veinte centímetros más de espacio entre las butacas de un avión.

¿Por dónde empezar? ¿Por la entrada? Es enorme, hay lugar para no sé cuántos autos, que pueden esperar durante horas sin molestar a nadie. ¿Por la recepción? Es gigantesca, recubierta de mármol, con esa araña descomunal y esas escaleras a las que solo les falta el Di Caprio de Titanic. ¿Por la terraza? La terraza del Guaraní es grande como un velódromo, llena de sol y con una piscina para tirarse de cabeza, bomba, carpa, clavado y helicóptero.

Todas las habitaciones del Guaraní dan al frente, son comodísimas y están súper equipadas. La suite Concept Vip, monumental y voluptuosa, termina en punta, en un jacuzzi rodeado de ventanales.

El restaurante del hotel es el Yasyretá, donde se come a la carta todos los días y en plan buffet los domingos al mediodía. Su cocina es como el Guaraní: amplia y con capacidad para responder a cualquier exigencia. Platos paraguayos con toques de autor, una variedad casi asombrosa de carnes, vinos buenos y mejores, y postres que nos inducen al pecado.

La grandeza del Guaraní —perdón por el juego de palabras— no está en su tamaño. Tampoco en la riqueza de su pasado. El Guaraní es hoy, por infinitas razones que van más allá de medidas o del hecho de vivir en un clásico de clásicos. La cordialidad del personal, el esplendor de las instalaciones, la comodidad siempre vigente del centro y la sensación permanente de que, al igual que en Asunción y que en una familia, todo lo bueno puede pasar en el Guaraní.

@hotelguaraniasuncion
Oliva casi Independencia Nacional

(021) 452 099

www.hotelguarani.com.py

SHERATON

Todas las cosas en una

Cada vez que escucho la palabra Sheraton, recuerdo que en el de Buenos Aires cantó Frank Sinatra. Fue en agosto del 81 y en la Argentina todavía se habla de aquellas cuatro noches. Y yo, treinta y pico de años después, sigo asociando al Sheraton con Sinatra. No es un TOC, sino la relación más elemental e inobjetable: los dos se pasan de seductores, tienen estilo, autoconfianza, nervio y swing, los dos son universales, únicos e irrepetibles. El Sheraton de Asunción es el kilómetro 0 de la ciudad nueva. Todo gira y crece a su alrededor, porque donde hay un Sheraton hay evolución. El día empieza temprano, entre desayunos de trabajo o actividades empresariales en cualquiera de sus salones. Apenas en- tramos sentimos que el ritmo es otro, más acelerado, más ejecutivo. El Sheraton tiene una marcha más. Y todo sucede en la más absoluta calma, el lugar mantiene siempre su elegancia y su aplomo.

A lo largo del día somos como reyes. Da lo mismo si queremos almorzar, tirarnos al sol en la terraza, ir a dormir la siesta, seguir trabajando o meternos en el gim- nasio o el spa. En el Sheraton siempre nos sentimos cómodos porque —por una extraña ley o un complejo cálculo—, siempre nos rodea la cantidad justa de gente, nunca hay de más ni de menos.

A la noche, en el restaurante, Juan José

Brítez, el chef, ejecuta ideas que van más allá de los platos, proponiéndonos noches especiales donde revisitamos la cocina local o descubrimos la de otros países: la India, Marruecos, Argentina... En su última propuesta —Marruecos— lo acompañó la chef marroquí Khaira Mehiyddine, quien salía de la cocina para explicarnos con paciencia, gracia y sabiduría cada una
de las preparaciones. De esta forma, el Sheraton de Asunción se convierte en el mismo Sheraton de cualquier otra ciudad del mundo: un lugar cosmopolita, que cautiva con una personalidad definida. Un lugar que aunque sepamos lo que vamos a encontrar, nunca deja de sorprendernos.

El final es en el bar del rooftop, el Ten. Corre un poco de viento, el trago está bien preparado y las estrellas están al alcance de nuestras manos, para pedirles que ese momento no se acabe nunca.

TURISTA EN CASA

Una distracción común es creer que los hoteles son propiedad de los turistas, olvidándonos que forman parte esencial de la vida diaria de nuestra ciudad. En los buenos hoteles, un lunes puede transformarse en un sábado, un almuerzo puede terminar en una piscina y un after office nos puede llevar a la mejor noche de nuestras vidas. Escaparse a un hotel es irse de vacaciones estando en casa. Escaparse a un hotel es hacer lo que se nos antoja. Por eso siempre existirá aquel reclamo universal de los padres, que todos hemos escuchado -o dicho- alguna vez: “¡esto no es un hotel!”

@sheratonasuncion
Av. Aviadores del Chaco 2066

(021) 617 7000

www.sheraton.com/asuncion

 

4 de Diciembre de 2018

Alacarta

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