30 de Noviembre de 2020
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El aperitivo: un traguito para hacer hambre

culturaEn Italia, la costumbre del aperitivo ha desarrollado una cultura de bares que se transmite de generación en generación y que se permea a la rutina de todos los italianos, desde el que vive en el pueblo más tranquilo hasta el de la gran ciudad. Todos, al llegar el pomeriggio (la tarde), hacen una pausa para encontrarse con amigos y conocidos, tomar un aperitivo, comer unas picaditas y charlar animadamente.

El equivalente americano del aperitivo sería el after office o el happy hour, donde se ofrecen promociones y ofertas especiales para captar concurrencia antes de la cena. Pero en Italia, los bares brindan un servicio especial, y por unos pocos euros, se puede disfrutar de variados antipasti y de la bebida favorita.

Su nombre viene del verbo latino aperire, que significa abrir; y se refería a la idea de que con ciertas bebidas, se estimula el apetito. Puede sonar raro que necesitemos una bebida alcohólica para hacer hambre, pero los italianos, naturalmente, siempre tienen un argumento válido para comer y tomar con los amigos.

Esta costumbre se remonta a la ciudad piamontesa de Torino, en el año 1786, cuando Antonio Benedetto Carpano inventó el vermouth: un vino blanco aromatizado con hierbas. Como inicialmente le resultó dificil introducir esta bebida en el mercado, se le ocurrió una manera de comercializarlo con éxito, ofreciendo deliciosos platillos a todos los que compraban su bebida. Así, paulatinamente, como suele suceder con todas las buenas ideas, esto se fue replicando en el resto de Italia, adaptándose maravillosamente a la idiosincrasia italiana. Actualmente, forma parte de la vida cotidiana del italiano.

Es que para los italianos, tomar un aperitivo al salir del trabajo es siempre una excelente excusa para relajarse y compartir con los amigos. Muchos se vuelven asiduos de un bar y encuentran ahí nuevos amigos; salir solo, casi siempre es encontrarse con alguien.

Casi todos los bares, a partir de las seis de la tarde, ofrecen un buffet de antipastos como jamones, quesos, bruschettas, caponata, peperonata, aceitunas y ensaladas. También hay bares que ofrecen algo más básico como papas fritas o maní. Un buen indicio para reconocer si un bar tiene antipasto atractivo es la cantidad de gente que lo frecuenta. Los precios del aperitivo pueden variar según el local (entre 5 y 10 euros) y permite comer cuanto se quiera hasta el horario del final del aperitivo, que suele ser a las nueve. Durante el aperitivo, todas las bebidas tienen el mismo precio y siempre hay precios especiales para la segunda bebida.

Si bien esta costumbre se extiende por toda Italia, en el norte es más popular. Al llegar la hora del aperitivo, todos los bares —que durante el día fungen de cafeterías— empiezan a animarse y a cobrar vida. Lo curioso es que no solo la gente joven disfruta del antipasto, sino gente de todas las edades. Padres con niños pequeños, grupos de ancianos, hombres y mujeres jóvenes, indistintamente, se reúnen para charlar y disfrutar de unas picadas junto a su bebida favorita.

Ni el trago ni la comida suelen ser abundantes. La idea, justamente, no es darse un atracón, sino pasar un tiempito junto a amigos y discutir los eventos del día antes de regresar a la casa para la cena. Las bebidas más populares, obviamente, varían según la región: en la zona del Veneto, sin lugar a dudas, serán los tragos con Aperol, como el delicioso Spritz; mientras que en Lombardía seguro serán los tragos con Campari, como el Americano o el Negroni. Por lo general, son amargos o bitters, aunque siempre hay clientes que prefieren una birra o una copita de vino blanco en verano.

En Italia, la frase prendiamo un aperitivo (tomamos un aperitivo) es una invitación clásica entre amigos. Es que lo más importante de esta costumbre es que su esencia no se reduce ni a la bebida, ni a la comida; ni siquiera al lugar donde se lleva a cabo, sino a la gente. El aperitivo tiene que ver con estar en contacto con amigos, con charlar, con darse un tiempo de descanso y de diversión en el día a día. Siguiendo la filosofía de la dolce vita, un italiano siempre va a dejar un hueco en el día para desconectarse…  y conectarse.

23 de Mayo de 2018

Valeria Gallarini

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