15 de Enero de 2021
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La Alondra: Carta creativa y con productos locales
barsottiPor Beto Barsotti En Asunción, la capital paraguaya de la gastronomía, los restaurantes de hoteles ya empiezan a marcar una  fuerte presencia. La cocina creativa que ofrecen se puede disfrutar en opciones múltiples, desde servicio a la carta hasta buffets. Algunos de ellos pertenecen a grupos que operan en más de 70 países y traen consigo toda la experiencia recolectada a lo largo del mundo, pudiendo combinar este interesante ingrediente con la cocina contemporánea de inspiración paraguaya.

Las ofertas aumentan cada día más, entonces, una experiencia gastronómica (de verdad) puede estar en donde menos se la espera; en una sopa o en una ensalada. Lo importante, lo que define la calidad de esta experiencia, son los insumos que son utilizados, y, en nuestro país, hay una conciencia que se está desarrollando en los jóvenes productores que permite cada vez mejores ingredientes locales.

Hasta hace poco, en Paraguay, el gusto por la cocina y por combinar sabores creando platos nuevos, era visto como un pasatiempo. Poco a poco, este escenario va cambiando. El oficio de la cocina se ha profesionalizado y hoy busca conquistar un lugar bajo el sol de la gastronomía universal.

Toda esta introducción es para decirles que fui a comer, a analizar y observar el servicio, al Bistró del Hotel La Alondra Factoría, en Asunción.

En la calle Dr. Francisco Morra, entre Avenida España y la Calle Tte. Héctor Vera, la ubicación del Bistró de La Alondra es digna de una película romántica, filmada en un callejón subtropical, con un entorno entre cosmopolita y rural-europeo.

Adentro, el Bistró, distribuido en dos salones, ostenta una arquitectura que mezcla lo clásico y lo moderno con mucho acierto. Yo, curioso, miro alrededor y empiezo por notar que se encuentra vacío. Mi primera decepción llega al enfrentarme a la cava; paso a mirar los vinos expuestos y veo que son aburridos, poco creativos y comunes. “Mejor miro la carta”, me digo y busco donde tomar asiento.

Se me acerca el mozo muy educado y me comenta que aquella sala ya estaba reservada para un grupo de comensales, invitándome a pasar al salón principal del Bistró. Un lindo lugar, donde tres mesas dan cierto toque impresionista. No hay más de ocho personas, es todavía temprano. Yo me siento en una fase romántica, a lo mejor por este frío maravilloso que nos vino este año. Afuera, ¡ocho grados!

El mozo, elegantemente, me ofrece una mesa confortable, no sin antes haber pasado por la barra y pedido un scotch puro, con agua aparte, para saborearlo como es debido.

La carta es sencilla y muy creativa. En mayor medida, ofrece ingrediente que producimos aquí. ¡Inteligente decisión! Con este clima, la oportunidad es perfecta para probar lo que más llama mi atención: Sopa de calabaza y jengibre con leche de coco y cilantro. Mi primera observación al mozo: “sin cilantro por favor”. Quiero sentir la sopa sin nada que sea invasivo. Viene la sopa sin el cilantro, caliente y muy sabrosa... para ser honesto, deliciosa y de generosa porción. ¡Bravo!

Primer round: nota 10. Me parece que vamos bien. Pido la carta de vinos y realmente no me entusiasma; incompatible con la sencillez elegante de la carta. Razonables vinos, pero mejores champagnes y espumantes. Pero, hoy, es el scotch el que me acompaña.

Lo siguiente que detectó mi antojo en la carta fue una Ensalada tibia de mar, que tenía rúcula, achicoria, camarones, calamares, mejillones y papas rústicas con pimentón, tomates secos y olivas negras. Fue como aquel momento que algunos pasamos en la vida, cuando mirás al cura y decís: ¡Sí, quiero!

Otro acierto. ¡Increíble! El Bistró de La Alondra ofrece platos sencillos, con mucho sabor y en porción generosa. Nada pantagruélico, no se equivoquen... generosos. No aguanto más el “minimalismo” de algunos restaurantes que, dicho sea de paso, ya borré de mi lista.

Prueben la Ensalada tibia que estoy comentando, ¡es fantástica! Quiero saber cómo logran esos sabores tan delicados con los frutos de mar y la verdura, así que pido hablar con el chef. Tarda como 20 minutos en atender a mi llamado; de pronto, surge delante de mí un chico de veintipocos años. Se presenta y veo sus rasgos orientales. “De dónde vienes”, le pregunto, y me dice, “De Colonia Independencia, señor. Mis abuelos son japoneses y están entre los fundadores de esta localidad. Yo tengo muchos estudios de cocina, y de oriental particularmente. El manejo de los pescados y de los crustáceos los aprendí  en mi casa”. Más una prueba de que la sangre no es agua.

Este joven chef tiene en la sangre la sabiduría milenaria de un pueblo que, según mi propio concepto, es el que mejor maneja todo lo que el mar ofrece. Le saludo, le agradezco, y se va.

El mozo, muy atento, me ofrece y sugiere un postre; Crepes de naranja flambeados al ron. ¡Un golazo! Excelente cocción, textura, equilibrio entre el ron y la naranja. Pero lo mejor de todo: la propuesta de realizar un crepe suzette guaraní, con nuestros insumos. ¡Os felicito!

El Bistró de La Alondra es altamente recomendable. Ustedes se estarán preguntando, “¿pero Beto comió una sopa y una ensalada nomás?”. Bueno, no se olviden que les dije que mis dos pedidos iniciales fueron generosos, igual que todos los otros platos que desfilaron ante mis ojos e iban a la sala del al lado, al privado.

Volveré, sin la frente marchita... ¡feliz!

4 de Noviembre de 2016

alacarta

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