27 de Enero de 2021
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La última cena, la más conocida de todas

La última cena, la más conocida de todas

La “Última Cena” fue inmortalizada por decenas de famosos artistas como Rafael, Tiziano, Tintoretto, Rembrandt, Correggio y, principalmente, por el gran Leonardo Da Vinci. Este famosísimo pintor e inventor renacentista, y gran adepto a las artes culinarias, pintó su célebre fresco sobre las murallas del refectorio del Convento de Santa Maria delle Grazie en Milán, donde hoy aún puede ser apreciado.

Aunque la última cena de Jesús es uno de los acontecimientos religiosos más retratados en la historia, resulta imposible precisar con exactitud qué platos se sirvieron. No obstante, el Nuevo Testamento y los documentos históricos ofrecen algunas claves. Según el Nuevo Testamento (Mateo 26 y Marcos 14), la comida celebraba el Séder de Pesaj, o la Pascua Judía, festividad que conmemoraba la liberación de los hebreos de la esclavitud en el antiguo Egipto, unos dos mil años antes del nacimiento Jesús.

En aquel entonces no se usaban servilletas y aún no se habían inventado los tenedores por lo que los comensales comían con las manos (curiosamente ambos elementos fueron inventados muchos siglos después por Leonardo Da Vinci). Era habitual que cada comensal llevase su propio cuchillo para cortar la carne. En la mesa sólo se disponían las bandejas que contenían los alimentos y copas o cálices para el vino.

Como en todas partes durante las celebraciones tradicionales los menús se repiten casa por casa. Lo más probable y lógico es que los alimentos ingeridos por Jesús y sus discípulos en la Última Cena no hayan sido muy distintos de los que comían otros judíos en ese entonces. Entre los siglos I y III era tradicional iniciar la comida con una sencilla sopa de verduras. El segundo plato servido dependía en gran medida de la situación económica del anfitrión. Uno de los platos más elaborados en banquetes durante el reinado de Herodes era la codorniz rellena de carne de cordero, aderezada con vino tinto, aceite de oliva, miel de dátil, uvas, pasas, piñones, salvia, ajo y perejil. Este manjar lo comían solo los ricos, por lo que podemos estar seguros de que Jesús no comió perdices.

Los hogares hebreos humildes se limitaban a comer un potaje de verduras, pan y agua. Como Jesús era una persona muy respetada y querida, lo más probable es que se le haya agasajado con cordero asado, que era uno de los platos más apreciados y tradicionales de la época.

Según investigaciones de los historiadores, probablemente se habría servido un poco de matzot o pan ázimo, (pues la levadura era símbolo de pecado). También hubiéramos encontrado sobre esta mesa un recipiente conteniendo agua con sal, maror (rábanos muy picantes y picados) y siete hierbas amargas que simbolizaban cada uno de los acontecimientos de la salida de Egipto y el Éxodo del pueblo judío. Como la festividad del Séder coincidía con la primera cosecha de la primavera, probablemente también habría frutas frescas de estación, almendras y avellanas.

Durante la última cena se tomaron las cuatro copas de vino ceremoniales. Primero el Kadesh, copa de la bendición a Dios; luego el Mishpat, que recuerda las diez plagas de Egipto; y en la tercera, la de la redención, Jesús elevó la copa y dijo: “Esta copa es el nuevo pacto de mi sangre; haced esto todas las veces en memoria mía." Con esta copa los judíos recuerdan el derramamiento de la sangre del cordero que identificó los hogares de los israelitas ante el paso del ángel exterminador en Egipto. Antes de la cuarta copa de vino que es la Hallel o de la Adoración, Jesús realizó el Afikomén, que es la ceremonia de partir el pan ácimo y repartirlo entre los comensales, tal como se recuerda siempre en la misa durante la Eucaristía.

En su última cena, Da Vinci no incluyó el tradicional cordero de Pascua. Puso frutos secos y verdura, así como pan y vino y también sal derramada. El historiador John Varriano, tras una larga investigación de la obra, concluyó que en la pintura de Da Vinci, se sirvió anguila a la parrilla decorada con rodajas de naranja. Siempre se había asumido, debido a las escrituras y a la iconografía simbólica tradicional, que lo que los discípulos tenían en frente era el típico cordero de Pascua, que simboliza la entrega de Jesús como sacrificio a Dios en expiación de los pecados. Como la pintura se encontraba muy deteriorada, resultaba imposible verificar esta presunción. Pero gracias a la restauración concluida en 1999 el historiador concluyó que Da Vinci pintó en los platos anguilas asadas, un plato muy popular en la Italia renacentista. Teniendo en cuenta que Da Vinci era vegetariano, no es de extrañar que el pintor eligiera un pescado. También hay que tener en cuenta que Da Vinci era un rebelde, por lo que no sería de extrañar que hiciera de menos a la iconografía tradicional cristiana e incluso a la información contenida en las escrituras, prefiriendo emplear para su obra su propia selección de platos con su propia simbología.

La sal derramada que pintó Da Vinci frente a Judas representa la traición de éste. “La Última Cena” de Leonardo originó la muy difundida superstición de que la sal derramada trae mala suerte.

4 de Diciembre de 2014

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