7 de Diciembre de 2019
Chipa el pan Sagrado de Paraguay
Chipa el pan Sagrado de Paraguay

Una conversación con Margarita Miró sobre la chipa y su participación en los ritos religiosos paraguayos, seguida de una rica tarde de otoño junto al tatakua.


Si bien en la cultura occidental prevaleció la imagen de Cristo en la cruz, los evangelios sugieren que Jesús era un hombre que también sabía vivir.

Entre sus milagros tenemos algunos ejemplos: multiplicó los panes y los pescados, ¡convirtió el agua en vino! La noche del Jueves Santo, antes de ser vendido por Judas Iscariote a los romanos, celebró una última cena con los doce discípulos; ofreció el vino y repartió el pan explicando que estos eran su sangre y su carne. Esta imagen de la última cena, retratada por el genio Leonardo, nos enseña que Dios es pan y es también vino.

En uno de los tomos de “Las máscaras de Dios”, de Joseph Campbell, se habla de que el alimento es un símbolo de la relación de interdependencia que existe entre los seres. Es decir, así como hay vidas individuales que nacen, crecen, se degradan y perecen, hay una Vida universal y única que se alimenta de sí misma (como la terrible diosa hindú Kali, que engendra para devorar) y persiste ad aeternum. Esta conciencia –y la idea de que comer es elegirse a uno mismo por sobre otro que debe sacrificarse– ha sido objeto de culto y de agradecimiento en las mesas de las diversas culturas.

Campbell anota una curiosa oración indígena de Norteamérica, que, palabras más, palabras menos, dice: “Soy comida. Soy un comedor de comida. Pronto nos volveremos a encontrar”.



En la cultura paraguaya –cuya tradición arranca con un insólito encuentro, después de milenios de estar viviendo a uno y otro lado del Atlántico, de las culturas española (arábiga) y guaraní–, el pan de Cristo encontró un sucesor mestizo: la chipa o “el chipá”, como dicen nuestros vecinos rioplatenses.

Margarita Miró publicó en el año 2001 el libro “Alimentación y Religiosidad Paraguaya: Chipa, Pan Sagrado”, en el que estudia y cataloga una gran diversidad de chipas (70 en total, número que siguió creciendo después de la publicación), como elemento de la religiosidad criolla.

En esta nota Margarita nos cocina algunas chipas, vigentes y en desuso, y nos cuenta sobre su trabajo de recuperación con las abuelas del campo, en las távas y en los libros, buscando en la comida la trascendencia espiritual y la identidad cultural de todo un pueblo.


El pan sagrado de los Paraguayos.

Hay una canción de Ricardo Lorio, vocalista del grupo Hermética, que se llama “Ramon, el indio hereje”. Cuenta la historia de un indio que fue condenado a muerte por la Inquisición después de enterrar una imagen de la Virgen.

La intención del indio era convocar la lluvia mediante este rito, pero los inquisidores comprendieron que se trataba de una herejía. Este ejemplo demuestra cómo las costumbres cristianas, y las europeas en general, al llegar en los barcos españoles fueron transformadas por el genio de los nativos americanos, y cómo el europeo, por su parte, satanizaba todo lo que no correspondiera con su propia lógica.



La cruz, por tomar un ejemplo, es un símbolo originario de Egipto, y representaba, originalmente, el sol y la fecundidad. En el Paraguay antiguo, se asocia también a la fertilidad, y no solamente a la idea del sacrificio del “Agnus Dei”: se plantaba una cruz en la tierra yerma para que acabara con la escasez y convocara a la abundancia.

El 3 de mayo, día de la cruz, se erige el kurusu jegua, ocasión en que se la viste con el kurusu paño, que representa los paños de Cristo después de la resurrección, y con cientos de chipas en diferentes formas, la famosa chipa jegua. La más frecuente es la chipa guyra (chipa pájaro), que representa la paloma del Espíritu Santo, pero también encontramos, por ejemplo, el chipa jakare, que quizás se acerca más a lo guaranítico y a una percepción animista de lo sagrado.


Margarita, ¿por qué la chipa se convierte en el alimento sagrado de los paraguayos?

Primero, hay que saber que en Semana Santa no se prende fuego. Antes, esta creencia duraba hasta cinco días, desde el Miércoles hasta el Domingo Santo. Originalmente, está el pan de Cristo. Con la chipa encontraron un elemento que duraba varios días sin estropearse, para no tener que prender el fuego. No es lo mismo con la sopa paraguaya, por ejemplo, que sí se puede descomponer.

Llegaste a registrar setenta chipas...

Eso hasta la publicación del libro. Después de eso fui con el libro a varias regiones del país y me fui encontrando con nuevas recetas. La diversidad es impresionante, es increíble que ahora nos limitan la “cocina paraguaya” a cinco platos.

Así como nos limitan a dos idiomas...

(Risas) Sí, a dos lenguas. Sin embargo, si hacemos un diagnóstico, vamos a encontrarnos con varias otras que se hablan en Paraguay.Margarita se desvía de la entrevista para contarnos cómo el conocimiento del guaraní fue fundamental para poder escribir ese libro, pues gran parte de la información proviene de fuentes orales, que solo saben darse en el idioma nativo. “Mi primaria hice en Paraguarí, donde aprendí a hablar el guaraní. Ese es otro tema: si yo no hablaba guaraní, este trabajo hubiese sido imposible. No solo por el diálogo en sí, sino por cómo uno se comunica con la gente”, nos cuenta.

¿Qué valores intervienen en ese cómo?

La empatía, la forma de captar el diálogo, socializar, que entres en confianza.

¿Por qué creés que se da ese resguardo de las costumbres en las comunidades?

No es un resguardo. Esto es algo que yo pude determinar y es muy importante: no valoran lo que saben. Ese hecho de la subvaloración de los elementos culturales nos viene a partir de la Guerra de la Triple Alianza, cuando se instala la noción de lo “guarango”. A la gente le parece que lo que sabe no sirve; no le sirve a nadie.

Por los prejuicios instalados...

Aquí es donde la forma de comunicarse es muy importante. Empezás a hablar con ellos; con el tiempo, una semana después de la primera conversación, comienzan a recordar. A través de la motivación se les activa la memoria y te van contando cómo hacía la abuela, la madre, la tía y así van saliendo las cosas. Para algunos la chipa kandói es dulce, para otros salada, algunos no saben este nombre, le dicen chipa manduvi. No hay que contradecirles, solo escuchar y considerar todas las posibilidades.

¿Estas diferencias son regionales?

Sí, pero muchas veces tampoco tiene que ver con la distancia geográfica. De Carapeguá a Roque (González), por ejemplo, que son 15 kilómetros, encontrás cosas diferentes. Si vos vas de Yaguarón, Paraguarí, Carapeguá, Roque González, que no son más de 100 kilómetros, cada una de esas comunidades tiene características bien diferentes. Todo va de acuerdo a cómo se fue conformando el pueblo y a la migración que vino después de la Triple Alianza; tiene que ver la naturaleza, la disponibilidad de recurso...Tratando de devolver la entrevista al camino de la chipa, interrumpo con la siguiente pregunta:

Chipa Mbujape

El uso religioso de la chipa, ¿se remonta a la época jesuítica?

De los franciscanos, más que los jesuitas. Los primeros que conformaron los elementos de la identidad paraguaya, mestiza, fueron los franciscanos. Los jesuitas fueron copiando el modelo franciscano y lo adecuaron a su propia concepción de todo: el comercio, la vida, la comunidad. En las comunidades franciscanas, es increíble cómo sobreviven todavía los elementos más de raíz, más originarios, más puros.

Hablamos siempre de la chipa como un elemento criollo; pero, ¿existe una chipa precolombina, auténticamente guaraní?

No. Las auténticamente guaraníes serían esas primeras que hicimos para esta nota: con el maíz, el almidón, la mandioca. Esas son de raíz muy muy antigua. Antes cocinaban bajo ceniza, o en el ña’epyũ. Se envolvían en hoja de banana, mbery (achira), jaguarundi, chalas del maíz. En comunidades muy antiguas, el almidón es la harina que liga; hacían unas tortas grandes, usaban las hojas del guembe también para cocinarlas. Pero, en la mitología, lo que aparece es el mbeju, por el tipo de cocción, simple.



¿Cómo aparece?

Ñanderuvusu, dios tutelar de los guaraníes, se convierte en un buho y empieza a aletear, se pone encima de la hamaca y allí engendra a Ñande Sy; entonces ella le da de comer mbeju. La mujer está estrechamente ligada al cultivo y a la cocción. La mujer aparece en la forma de la olla. Esto lo encontré también en los grupos amazónides que todavía viven: una vinculación fuerte entre mujer y cocción. La mujer siempre es la que guarda la semilla, justamente por el tema de la maternidad, el cuidado, la posibilidad de engendrar. Es la guardiana de la memoria genética y distribuye el alimento en la comunidad.

En el diccionario quechua-castellano aparece el vocablo Chipa, ¿no es palabra guaraní?

Justamente, eso suelo decir, todo lo que es cha, che, chi: Chipa, chacra, chancho, Chaco, chicha, charqui, todo eso es de origen andino. Mate es andino: lo que para nosotros es kayguá. Lo que pasa es que, por la facilidad de la lengua, como lo gutural y lo nasal costaba, entonces los españoles usaron estas palabras.

¿Qué significa la chipa jegua?

La chipa jegua, con sus formas de animales, representa una habilidad. Hoy, todavía, en Navidad, se hacen para colgar en el kavove’i con los rosarios de maní. Conocí una señora que tuvo tres angelitos (niños fallecidos); entonces, cuando ella hacía su kurusu jegua, el 3 de mayo, a cada persona le entregaba 3 chipas. ¡Imaginate: su mandioca, su maíz, su leche, su huevo!

12 de Junio de 2019

Alacarta

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