3 de Diciembre de 2022
Fior di Latte, gelateria artigianale

 

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El helado que tantas veces es relegado a ser simple acompañante de una tarta o un brownie, vuelve con escudo y espada para reclamar el lugar que siempre fue suyo; el ser un postre magnífico sin necesitar de nada más que su esplendor congelado.

Sobre Charles de Gaulle, en una de esas nuevas galerías que se reproducen como hormigas en la zona, se erige un monumento a este viejo arte. La primera heladería italiana donde todo, pero todo es italiano: el ideólogo, el maestro heladero, las máquinas, los sabores, los ingredientes, las antiguas recetas, tutti

Marco trabajó toda su vida en grandes empresas de marketing hasta que fue llamado por el antiguo arte de la gelateria. Él italiano, su esposa Richelle brasilera, estudiaron juntos para convertirse en verdaderos maestros heladeros. Tras abandonar Italia, en un giro de 180 grados, y en busca de una nueva vida, terminaron aquí, en la capital de nuestros amores. 

Fior di Latte es un ambiente donde domina un blanco absoluto, tanto que hasta los pisos parecen brillar como espejos, gracias al sol que penetra por los grandes ventanales. Las sillas de diseño, también blancas, dan un aire minimalista al lugar, donde el centro de atención gira automáticamente hacia una gran heladera con más de 20 sabores de todos los colores y apariencias.

Ahora, ¿cuál es la gran diferencia entre esta nueva propuesta y las que conocemos desde siempre?

Una textura que se asemeja a una mousse, cremosa, suntuosa, más densa, con un sabor más profundo.  Y por supuesto, sabores que se dejan degustar en cantidad, difícilmente llegando a empalagarse. Además, sin ningún tipo de aditivos, colorantes ni saborizantes, haciéndolo una opción pura y deliciosamente artesanal.

El Fior di Latte es el más básico de todos, una crema italiana clásica, manera ideal de iniciar el recorrido. Para los amantes de las nueces y los frutos secos, el Nocciola, clásico del norte italiano es una crema de avellanas digna de un soneto. El Mandorla produce una reacción similar, pero esta vez mezcla en su cremosidad el sabor profundo de las almendras. Todas y cada una de las opciones de chocolate llevan a un estado catatónico. Y con tantos otros por probar, solo queda agarrar la cucharita e ir hasta allá.

Para comer ahí podemos optar desde un vasito de G 10.000 de un sabor, ideal para aplacar un pequeño antojo sin ir contra del operativo verano iniciado hace unos meses; hasta un gran cucurucho de 3 sabores por G 18.000 , un placer culposo que sin duda justifica los 45 minutos extras de bici al día siguiente.

Para llevar a casa, las opciones van desde un envase personal de 250 gramos (G 15.000), medio kilo (25.000) para liquidar de a dos y un paquete de un kilo que rinde para toda la familia (G 50.000). Los cucuruchos también pueden comprarse para vivir la experiencia como se debe, y repetir una y otra vez hasta morder la puntita final del crocante contenedor cónico.

Además de ser un sitio pet friendly, para dar un premio por su lealtad a los amigos de cuatro patas, Fior di Latte ofrece un helado sin sacarosa especial para compartir con el mejor amigo del hombre. ¿Excentricidad? Quizás, pero para los amantes de los animalitos, sólo una manera más de demostrarles cuánto los queremos.

13 de Diciembre de 2014

Rodrigo Silvero

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