15 de Enero de 2021
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Ecología, ética y responsabilidad.

 

Hijo de un ganadero chaqueño y una psicóloga asuncena, Raúl Rivarola se define como un observador y apasionado de la naturaleza. Conversamos con él sobre la historia que consolidó su dedicación a la ecología y la concepción humanista no antropocentrista que orienta su vida. Nos habló de la motivación y los proyectos que lo llevan a luchar por un mundo mejor habitado por seres humanos más responsables por el planeta.

 

14 de Marzo de 2020

Patricia Camp

Fanático de los dinosaurios desde niño, su interés por las ciencias comenzó a través de una expresión de la sensibilidad humana: el dibujo. Si bien todo parecía indicar que seguiría paleontología, se declaró ecologista a los ocho años, cuando su padre comenzó a llevarlo con él al Chaco. También en esa época su curiosidad lo acercó a los libros de animales de la biblioteca del colegio, libros que la bibliotecaria —convertida en cómplice— le prestaba, aunque no estuvieran habilitados para los niños de su edad.

Tras su paso por universidades europeas —que, según él, le aportaron sobre todo ética, estética y exigencia del trabajo bien hecho—, considera que lo más importante lo aprendió de sus compañeros de India, África, Asia, Latinoamérica y Norteamérica, y de los viajes de trabajo de campo a Indonesia y Etiopía. En estos viajes pudo compartir con gente del campo, tradicional, y entendió que los países en vías de desarrollo tenemos problemas similares y deberíamos hacer más intercambio horizontal: sur-sur.

“A nivel social y cultural falta un cambio de actitud, ganas de aprender de la experiencia -con sus aciertos y errores-, de países como el nuestro”, nos dice. Falta más solidaridad y cooperación entre nosotros, sentirnos identificados y realmente orgullosos de ser del sur, sin el falso orgullo que surge del sentimiento de inferioridad que abunda por estos lares y que se traduce en un nacionalismo patético y xenofóbico”.

 

Su interés por la gastronomía —con la que conecta desde la educación ambiental y cívica— surge con los viajes, conociendo otras culturas y otras comidas. Sus mejores recuerdos incluyen complejos platos y costumbres compartidas en rituales sociales con gente local en Addis Abeba (capital de Etiopía), Santiago de Compostela (Galicia, España), en Lampung (Indonesia) y Scharnebeck (Alemania).

“Soy fan de la producción agroecológica que incluye principalmente productos de temporada y de cercanía, obtenidos de la manera más ecológica y sostenible posible, y que es la mejor para el ambiente y la sociedad”, afirma. “Por suerte, desde que volví a Paraguay ya vi algunas iniciativas como Karu y la feria de la Plaza Italia, que me invitan a pensar que puede haber un final feliz”.

El consumo responsable, nos dice, significa también asumir que, de adultos, nuestro consumo de carne puede ser muchísimo menor que el de los niños y adolescentes en crecimiento, edades en las que sí necesitamos tanto productos de origen animal como vegetal. “En el pasado hubiera sido imposible pensar en una persona sana que fuera estrictamente vegana, sin embargo, hoy es posible, gracias a la globalización de los alimentos”, nos cuenta.

Ser un consumidor consciente y responsable, y un productor o trabajador ético y solidario, es fundamental si queremos cuidar el ambiente, asegura Raúl. “Necesitamos entender que en un planeta de más de siete mil millones de habitantes hay que ser moderados en el consumo, en el estilo de vida y en la elección del número de hijos, especialmente si pertenecemos a una clase social privilegiada, porque el “peso” —la huella de carbono, los contaminantes producidos durante la vida y el consumo de energía— de una persona de clase media para arriba, es miles de veces superior al de una de las clases menos favorecidas”. También podemos separar los residuos —facilitando el trabajo de los cartoneros, que ya es bien duro—, optar por medios de transporte menos contaminantes y por vivir de una forma sostenible en ciudades compactas y lo más autosuficientes posibles.

“A nivel nacional necesitamos cambiar el chip sobre que lo privado es sagrado. Lo privado es efímero y circunstancial, y los recursos naturales y servicios ecológicos son de interés público en el mediano y largo plazo. Por eso, los paraguayos debemos aprender una visión mucho más responsable y solidaria sobre lo que es privado y lo que es público, pensando no solo en nuestro bien inmediato, sino en el de nuestros vecinos y los que vendrán”.

Actualmente involucrado en proyectos de paisajismo con criterios responsables y de aumento de la biodiversidad, así como en educación ambiental y cívica, Raúl cierra la entrevista con una afirmación indubitable: la manera más efectiva de incidir en la sociedad es a través de la educación. Y es desde allí que él espera sumar su aporte al proceso de transformación, compartiendo sus conocimientos y experiencia.

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