19 de Octubre de 2021
La Ing. Arg. Soledad Martinez nos cuenta de su trabajo con comunidades campesinas, la importancia de las huertas caseras y la alimentación responsable.

Para entender el presente, conversando con Soledad sobre la importancia del enfoque agroecológico en nuestro país, nos pusimos a analizar el contexto histórico del Paraguay y la importancia que tuvo la venta de tierras estatales al capital extranjero posterior a la Guerra de la Triple Alianza (1870), cuando el Estado paraguayo introdujo en la Constitución las ideas del liberalismo clásico y del libre cambio. “Ahí entraron las primeras transnacionales que empezaron la explotación del tanino extraído del quebracho, la yerba mate, etc.”, explica Soledad.

BIO. Soledad Martínez estudió agronomía en la Universidad Nacional en Asunción. Realizó cursos de especialización en Cuba, Brasil y España sobre control biológico, permacultura y agricultura ecológica. Tiene una larga experiencia trabajando con comunidades campesinas a través de organizaciones como Altervida y Decidamos. También desarrolla talleres de huertas agroecológicas.


 

El campesinado no pudo acceder a tierras, porque solo podían comprarse con monedas de oro y plata y las extensiones territoriales debían superar las 180.000 hectáreas. Entonces, los ocupantes de las tierras públicas tuvieron que arrendar tierras al capital privado o convertirse en mano de obra de las empresas. La explotación de la fuerza de trabajo y las relaciones sociales desiguales no cambiaron en las siguientes décadas, llegando a consolidarse una estructura agraria polarizada basada en el binomio latifundio-minifundio.

Durante la dictadura stronista comenzó un proceso de ocupación del territorio periférico del país con el proyecto conocido como “Marcha hacia el Este”, lo cual permitió la implantación de infraestructuras de comunicación, transferencia de inversiones y migraciones humanas. 

 

"La agroecología ofrece el mejor sabor que podés obtener, el mejor color, el mejor aroma. Tiene un alto impacto en la propuesta gastronómica"

 

Durante la dictadura stronista comenzó un proceso de ocupación del territorio periférico del país con el proyecto conocido como “Marcha hacia el Este”, lo cual permitió la implantación de infraestructuras de comunicación, transferencia de inversiones y migraciones humanas. Una gran cantidad de campesinos migraron hacia estas tierras. Según comenta Soledad “esas iniciativas estuvieron desprovistas de una visión real de las necesidades de los campesinos y de un apoyo formal”.

Por otro lado, el bajo costo de las tierras agrícolas y la política prebendaria del stronismo, posibilitaron una mayor concentración de tierras, especialmente, entre colaboracionistas y productores brasileños que migraron a nuestro país. El Este del Paraguay, caracterizado por explotaciones altamente mecanizadas y por el uso de biotecnología y agroquímicos, se convirtió en una zona importante para los cultivos de trigo y soja, consolidando el modelo agroexportador. 

 

LA AGROECOLOGÍA

En los años 70 surge la propuesta de la agroecología como una disciplina científica y un conjunto de prácticas que buscan la sostenibilidad de la producción agrícola sin la utilización de agroquímicos. Esta disciplina “se basa en experiencias ancestrales y en el conocimiento de pueblos originarios. Se por qué son efectivas a nivel productivo”. 

La agroecología ha despertado tal interés que incluso la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por su sigla en inglés) se encuentra trabajando con este enfoque. “Una diferencia muy importante entre agroecología y producción orgánica, es el aspecto social. Para la agroecología es esencial trabajar con las comunidades; favorecer y estimular las organizaciones a nivel de territorio”.

25 de Noviembre de 2020

Alacarta

EL TRABAJO CON COMUNIDADES CAMPESINAS Y HUERTAS URBANAS

Soledad Martínez, con otras organizaciones, desarrolla proyectos en diferentes comunidades campesinas del interior del país. “Con los productores rurales básicamente trabajo desarrollando técnicas, hacemos talleres sobre diferentes temas para mejorar algunas condiciones, siempre enfocado en lo que es el mejoramiento del suelo y el enriquecimiento de la biodiversidad”, comenta Soledad.

“En agroecología un aspecto importante es cortar la dependencia de factores externos. Una experiencia agroecológica produce los insumos que necesita, el sistema es autosuficiente. Cuando se toma la política de desarrollo agrícola de agroexportación, lo que se hace es 

retoma eso y se estudia a nivel académico cómo eran esas interacciones, cómo se relacionaban las personas con la naturaleza y cómo obtenían sus alimentos. Cuáles eran los métodos que utilizaban en diferentes países para producir y cómo iban aprovechando eso de distintas maneras, en la montaña, en el valle, cerca de la selva, en las zonas tropicales. Cada pueblo que se insertó en un lugar geográfico específico, respetando ese entorno fue adaptándose a la naturaleza. Adaptándose a las condiciones trabajando de una manera armoniosa”. 

Durante su formación universitaria Soledad tenía claro que “Es muy contradictorio producir alimentos utilizando venenos. Todos los productos químicos son tóxicos, pero en la facultad lo que te dicen es que, usando las dosis correctas y de la manera correcta, no causan ningún efecto, pero esto no es así y se ve en la práctica. La introducción de la soja transgénica, a partir de los años 90, tuvo un boom y empezó a expandirse a expensas de los bosques y de las comunidades campesinas e indígenas”.

La agroecología surge como una respuesta a las consecuencias ambientales y sociales del modelo agroindustrial. La agroecología cuestiona e interpela a este sector productivo sobre la manera masiva en que se utilizan los agroquímicos. Soledad nos cuenta que, “surge de las universidades, pero toma el conocimiento milenario resignificándolo e interpretandolo, buscando a través de esas técnicas cómo generar mayor eficiencia y cómo entender desde el punto de vista científico el porqué se dan esas interacciones, generar las condiciones para que esa agricultura se desarrolle, pero no existe ningún tipo de políticas de apoyo al sector campesino. 


 

"Producir nuestro alimento no es solamente algo cool, sino que es una cuestión estratégica, vinculada a la soberanía alimentaria. (...) Cuando más te apasionás con la huerta, más te apasionás con tu cocina, porque tu cocina y tu huerta son dos laboratorios que están completamente conectados".

 


Ese desbalance genera mucha inequidad, problemas sociales y la expulsión de comunidades indígenas y campesinas. La soja va empujando a la gente, porque no hay manera de coexistir con ese modelo de producción que está fumigando con glifosato.

El trabajo de Soledad también se desarrolla en la ciudad con talleres de huertas agroecológicas: “No existe nada mejor que cosechar tu lechuga o tu orégano de la huerta. Yo vivo eso todos los días, me voy y cosecho para aderezar o para cocinar. Se trata de transmitir eso. Antes era normal que las familias tuvieran una huerta, pero se fue perdiendo por la sociedad de consumo. Cuando cultivás una huerta en tu casa accedés a un alimento fresco de calidad, con aroma y sabor únicos. 

Además, retomar esa práctica es un proceso familiar muy lindo y significa un cambio en las prácticas del hogar. Primero es la separación de residuos: tenés que separar los residuos para que lo orgánico se transforme en abono. Después comenzás a conectarte con los ciclos naturales. Tenés que ver dónde da el sol, entender que los organismos vivos que están allí cerca no son tus enemigos, sino que son seres con los que tenés que convivir y compartir. Tu objetivo no es erradicar, sino simplemente alejar, por ejemplo, a las hormigas, de tu huerta. Es aprender a convivir e ir generando condiciones para que los seres vivos se reacomoden en ese ecosistema. Es una conexión real con la naturaleza, que se va haciendo de a poquito y cuanto más tiempo pasa, más te apasionás y vas cambiando tus prácticas. Intento que la gente se entusiasme, que entienda que conectarnos con nuestro alimento es esencial”.

 

ALIMENTACIÓN SANA, CONSCIENTE Y RESPONSABLE

Según Soledad, “la calidad de la gastronomía está directamente relacionada con la calidad de los ingredientes y desde ese punto de vista, lo que ofrece la agroecología es lo mejor. Es el mejor sabor que podés obtener, el mejor color, el mejor aroma. Realmente tiene un impacto impresionante en la propuesta gastronómica. 

La agroecología ofrece toda la historia, la sabiduría, todo ese contenido ancestral de la producción campesina e indígena que es fabuloso. Hay mucha historia detrás que se nutre de conocimiento antiguo, de esa manera de cultivar, cuidar la tierra, producir, de conservar los alimentos y las semillas. Es un aporte fantástico para lo que puede ser una propuesta gastronómica”. 

"Producir nuestro alimento no es solamente algo cool", nos dice Soledad "es una cuestión estratégica, vinculada a la soberanía alimentaria. El poder decir a mí me gusta la frutilla, yo puedo cultivar y cosechar mis frutillas, o me gusta un tipo de ají picante porque me apasiona el picante... vas desarrollando una línea de investigación y de trabajo en tu patio. Obtenés el resultado y eso después lo transformás. Cuando más te apasionás con la huerta, más te apasionás con tu cocina, porque tu cocina y tu huerta son dos laboratorios que están conectados”.

En caso de que sea imposible tener una huerta en casa, Soledad recomienda “buscar las experiencias agroecológicas que llegan a la ciudad. Actualmente está el mercado Vy'a y la Red Agroecológica. Existen otras iniciativas agroecológicas que llevan pedidos a domicilio. Lo primero es conectarse con estas iniciativas. Sentir que el sabor de los alimentos agroecológicos es otro. Y a partir de ahí continuar con el apoyo, porque la producción agroecológica va a crecer en la medida que reciba el apoyo de los consumidores”.

 

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