3 de Octubre de 2022
Smuchi, felicidad emparedada

Por Violeta Escobar

Hay que seguir buscando. Hay que seguir creciendo. Smuchi lo hizo.

Con un nuevo local, abrió también un nuevo horizonte y actualizó no solo sus menús sino también sus tradiciones, pero sin perder la esencia.

La comida feliz se siente ya detrás de bambalinas donde la cocina o laboratorio de experimentación sin treguas, va creando nuevas propuestas en este viaje de crecimiento. Superado su umbral, tradición e innovación se convierten, como nunca, en dos caras de la misma moneda.

A partir de esto nacen el desayuno y las “merencenas”, estas últimas fusión de merienda y cena, compuestas por platos grandes para compartir a la tarde y que, por culpa de su propio éxito, ahora se sirven a cualquier hora del día.

A las recetas hay que seguir agregándoles condimento y hay que seguir evolucionando, porque entre panes, hoy todo se puede.

Nos invitaron entonces una de sus nuevas creaciones. “¿Cómo puede ser que no haya sándwich de milanesa?”, solía ser antes la pregunta frecuente. Hoy probamos la Milanga “Smuchi” (G 29.000) que viene con lechuga, tomate, queso cheddar, bacon, milanesa de carne, pan de la casa y mayonesa.

Porque ahora los panes son elaborados en la casa y hay también waffles salados para probar. Entonces, para no perdernos esta oportunidad, comimos el waffle “Sí Salmón” (G 30.000), con salmón ahumado, mix de cream cheese con cebollita de verdeo y mix de verde. Muy fresco. Muy liviano.

Para hacer cocina feliz, hay que contagiarse de experiencias y plasmar colores que antes no estaban, por eso la carta se mantiene con las mismas célebres propuestas de sus inicios, incorporando nuevos ingredientes. Probamos la Hamburguesa “Smuchi”(G 30.000) con lechuga, cebolla, tomate, queso cheddar, queso catupiry, bacon y huevo duro y un ya conocido de toda la vida, el “Plop” de frutilla, naranja y banana (G 15.000). La combinación perfecta para una tarde perfecta.

Desde que abrió sus nuevas puertas, Smuchi amplió su espacio pero conservó su alma boyante. El local rebosa de flores, aromas y sonido de música pop. Los mozos te reciben felices y sentís que entrás a la casa de alguien conocido, justo a la hora de comer algo rico.

En Smuchi, su historia se saborea en cada bocado y se ve en cada rincón del nuevo lugar.

Datos útiles en este enlace.

2 de Agosto de 2016

Alacarta

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