27 de Enero de 2021
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Setecientas: La ignorancia es atrevida

La ignorancia es atrevida

Menuda frase la de Sarmiento, en su momento y en su contexto, pero no menos aplicable a nuestro menester y en nuestros días.

La crítica, cuando idónea, es necesaria. Pero, ¿y cuando no es idónea?, ¿qué hacer con eso? ¿Tiene el cliente siempre la razón? Responder a esta pregunta es sin lugar a dudas un arma de doble filo, es un riesgo que no muchos quieren correr, pero es también cierto que si queremos construir debemos educar y formar desde el conocimiento; no el del manual y al que la mayoría se acoge, sino el de las causas.

En el mundo del vino estamos llenos de manuales, tecnicismos y petulancias, pero también hay que darle lugar a la experimentación, al hecho comprobado y consumado.

Que al vino hay que sentirlo es otro hecho indiscutible, pero ¿cómo sentir y entender algo que desconocemos?

En este punto podemos tomar el atrevimiento de la ignorancia como un hecho que nos lleve a experimentar y, desde la carencia del conocimiento, ir formándonos una opinión propia.

Ahora bien, si además de carecer del conocimiento lo ignoramos, tendremos que únicamente concluir que ¡el cliente no siempre tiene la razón!

Personalmente, considero que es la frase que más daño ha hecho al mercado en un sentido primario, ya que cuando hablamos de ello se da por sentado un acto de benevolencia hacia quienes pueden ser tus, mis, nuestros clientes. Pero llegado el momento en que esa razón deja de ser razonable, sólo queda un camino: debemos tomar la decisión de si queremos o no tener a ese cliente que no entiende razones.

Cuando las razones dejan de ser razonadas, podemos recurrir a la gastada frase de Michel Rolland: “el mejor vino es el que le gusta a cada uno”. Segura estoy que la acuñó para esquivar discusiones bizantinas, ya que se escuda en una obviedad absoluta. ¡Vale, te doy la razón!.

Rolland sabe que no podemos embarcarnos en todas las batallas, porque en el mundo del vino dos más dos no son cuatro, pero el método es el método y tiene su razón de ser como en toda disciplina existente, y esa es la única batalla valedera.

Esa es la batalla que propongo emprender. El premio es la búsqueda constante, el descubrirnos a nosotros mismos en esa búsqueda y descubrir cuán amplio y cuán lejos podemos llegar sin dejarnos condicionar.

Este año he decidido conformar un lugar donde podamos discutir el vino en el mismo acto de disfrutarlo y los invitaré a que me acompañen a que verbalicemos las emociones y los sentidos en el hecho.

Reflexiones aparte, los invito a descubrir, a buscar y experimentar un valle que les puede traer sorpresas y del cual se sabe poco. El Valle de Maule, que en mapudungun, el idioma Mapuche, el idioma de los pueblos originarios, significa río de lluvia. Es la región de mayor extensión vitivinícola de Chile y es donde se trabaja la denominada uva “País”, que llegó con los españoles en el siglo XVI.

La denominación Maule se estableció por decreto en 1994 y ha demostrado ser sinónimo de vinos de calidad con su clima mediterráneo y con una uva aún poco conocida en nuestro medio; la Carignan. La región de Maule, que acunó a Neruda y sus innúmeras odas, acuna también en sus raíces a un proyecto que personalmente considero excepcional: “La Reserva de Caliboro”, un vino con historia, un vino con identidad.

7 de Octubre de 2015

Rodrigo Silvero

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