30 de Marzo de 2020
Sobre sobremesa en la mesa
Sobre sobremesa en la mesa

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Siempre existió ese “lugar aparte” para el postre, el plato que hace de cualquier reunión, algo oficial, algo importante. Esa casi obsesión por lo dulce se convirtió en señal de respeto y agradecimiento en cuestiones familiares, laborales e incluso particulares. Si hubo postre, siempre la pasamos genial. Acompañados por una exquisita infusión o algún plácido espumante, este último paso del ritual culinario es, en ocasiones, lo más anhelado por cualquier comensal.

Pero, ¿por qué? El azúcar genera en nuestro cuerpo efectos similares a los de cualquier droga recreativa. Al ser un carbohidrato, nos da una sensación de bienestar, ya que favorece la producción de serotonina, el motor de la felicidad. Por eso, el antojo o esa “necesidad de dulce” suele causarnos frustración o hasta incluso tristeza —especialmente en las mujeres, grandes títeres de sus hormonas— si no es saciado.

Para aplacar esta súbita necesidad, desarrollamos, junto a los mejores restaurantes de la ciudad, un tour extraordinaire exclusivo de postres, aquel pequeño mejor amigo al final de cada cena. Y qué mejor que una gran, gran, gran representante de lo dulce para relatarles nuestra experiencia: yo.


Luna 21

Destacada por su cocina con influencias peruanas contemporáneas, que se fucionan con productos nativos de la cocina paraguaya. Me senté, casi saltando, para recibir a los primeros amigos de este recorrido: Suspiro a la limeña, ¡y qué suspiro!, una crema que te hace arrorró al alma, a tal punto que necesitás que nunca se acabe, un manjar con merengue al oporto y pisco; Tiramisú al Baileys, una interesante alternativa al tradicional, con ese toque tan rico del licor dulce sobre el mascarpone; Mousse Crocante de Chocolate, un clásico que enamora y nunca engaña; y Crème Brulée, en dos maravillosas versiones: la clásica, uno de mis postres preferidos sobre la faz de la tierra (y eso que no discrimino y tengo unos cuantos más), y el de mburukuja, otra gran combinación para reinventar al plato y volverlo más fresco, más frutal, para los paladares que capaz no toleren tanto dulce, ya que esta fruta otorga a la mezcla un acento ácido. ¡Riquísimo!


Pakurí

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Ya algo menos ansiosa, pero no así menos acelerada, llego a Pakurí, restaurante de la chef Sofía Pfannl y el sommelier José Miguel Burga, pareja internacional que aporta, en medida justa, el carácter peruano-paraguayo de este restaurante, con productos 100% locales y de producción responsable. Conocía ya el concepto del local, pero nunca había probado sus postres; la espera generaba intriga. Llegó una clásica Mazamorra de maíz blanco con toffee de miel de caña, quinotos y un toqué de limón negro; excelente reinterpretación de este plato tradicional paraguayo, y el dulzor en la medida justa. Le siguió la Tarta de naranja hái, una recreación del famoso pie de limón, con crema, merengue y apepu; un postre joven con la sabiduría de un anciano. Siguió mi fiesta personal con el Mousse de chocolate amargo, casi un alivio al paladar después de tanto dulce; toffee, sorgo crocante, polvo de cáscara de banana y sal (aunque usted no lo crea) son los principales ingredientes de este particular mousse. Saciada y sorprendida mi curiosidad; ¡ovación de pie!

Dicen los científicos —no me pidan fuentes que a esta altura del paseo ya se me mezclan las referencias— que la parte del cerebro que media el comportamiento, ese tipo de compulsiones o expresiones de "no puedo dejar de…" o "no puedo parar de…", es especialmente sensible a los azúcares. Así que ya podrán imaginarse mi estado.


Takuare'e

Este restaurante ofrece una amplia variedad de platos de la cocina internacional con cierta inclinación mediterránea y, por supuesto, algunos rasgos esenciales de la cocina autóctona. Me reí sola y quise esperar cada postre con los ojos cerrados. Llegó el Helado de gin tonic —que me hizo volver a creer en el cielo, los ángeles y todos los santos—, servido con una espuma de limón y semillas de cardamomo; una lo-cu-ra, así, separado en sílabas. Tarta de Queso Manchego, otra opción evangelizadora; la mezcla perfecta entre lo crocante de la masa y lo espumoso del relleno, presentada con helado de vino Carménère. Este lugar y su selección de helados me caen muy, pero muy bien. Se dice que los postres son casi tan adictivos como las bebidas alcohólicas, así que qué mejor idea que unir lo mejor de ambos mundos. Para concluir, Némesis con crema inglesa; este postre es bastante especial porque es apto para celiacos, algo así como una mousse horneada, de textura suave, ligera y con un intenso sabor de chocolate que armoniza con la crema.


Sipan

"Amor por lo nikkei" reza el eslogan de esta franquicia, donde el ceviche y las especialidades en marisco y pescados son las atracciones estelares.

Ya en un estado de pura aceleración, me concentré en la degustación y activé el modo "azúcar ilimitado". Para el absoluto deleite de quien les escribe, llegó la Degustación de suspiros, postre que en la primera parada ya se había ganado mi goloso corazón. Estos mini —pero potentísimos— suspiros limeños vienen en tres versiones: lemmongrass con menta, lo refrescante de cada suspiro; helado con jalea de mburukuja, una frescura más frutal y mucho menos dulce; y limeña, el clásico saborizado con canela (bebé de la casa). Sigue la fiesta del paladar con un 4 Leches, otro gran aliado mío a la hora de postrear: el paraíso en un bizcochuelo húmedo en leche condensada, leche evaporada y crema, con la cuarta adición: el manjar blanco de olla peruana, ¡la perfección en un plato! Para terminar, el postre Sublime, nombre que hasta le queda corto para un escandaloso fondue de chocolate con leche y maní, acompañado con trozos de frutilla, kiwi, bananas y brownies.

En este punto específico del recorrido, la glucosa fue mi principal combustible (y mi único dios). Dopamina acá, dopamina allá y la vida nunca fue tan bella. Llegué a un pico extra de energía, con esa casi necesidad de nunca querer parar, como mi mejor amiga.


Ofelia

Este restaurante propone una vuelta al mundo de los sentidos; desde el mediterráneo, el oriente y el norte, para caer de lleno al tatakua. Esperé, con cada vez más amor, la propuesta del lugar. Cheesecake Arasa, lingotes de queso Paraguay, relleno de mermelada de guayaba, crumble de almendras y cacao con esponjas de miel negra. De no creer, el redescubrimiento de una receta de ayer y hoy, con toques nuestros de lo más elegantes. Honey Pear, ¡qué presentación!, minientremet con mousse y compota de peras a la vainilla de Madagascar, cremoso de limón y biscuit de almendras con curd de naranja y miel; lo más grandioso de este postre es que, en su presentación, emula la forma de la pera. Siguió la locura con el Choux Caramel, masa rellena con mousse de caramelo y beurre salée (manteca salada), crocante de avellanas, praliné de maní y trocitos de brownie caramel. Se culminó con el Domo Chocolate, otro entremet con mousse de chocolate 65% al whisky, ganache de avellanas, biscuit húmedo de cacao, y cumble de cacao.


Andrea Montanaro

Terminó casi de repente nuestra escalera al cielo y mi cuerpo lo sabía. Diecinueve postres después, esa adrenalina se transformó en sueño, cambiando mis niveles absolutos de energía, acabándose de forma radical. Y después del panzazo viene la calma. Después de la exquisita sensación de bienestar y casi euforia, era momento de parar. Y con esto, otra de las magias del postre en cada reunión… El buen dormir. Donde una cena genial acuna una sobremesa perfecta, la experiencia acompaña de la mano al sueño, uno de los placeres más codiciados por todos, el descanso del cuerpo y la mente.

Ahora les dejo, que ya me duermo. Espero que se les haya hecho agua la boca.

 


 

3 de Julio de 2018

webmaster

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